Nunca terminas de conocer a alguien hasta que viajas con
ellos y es que suelen sorprendernos ciertas actitudes o reacciones que nunca
antes habías visto en esa persona, y algunos es que sacan lo mejor o lo peor de
ellos cuando viajan…
Antes de
viajar es mejor tener claro cuál es el objetivo del viaje: un viaje sólo de
museos y arquitectura, un viaje para relajaros o un viaje en el que haya
turismo, pero a la vez fiesta y os perdáis paseando por la ciudad (mi
preferido).
Luego viene
el tema de hoteles, apartamentos, hostales, compartir habitación o compartir
sólo baño, y que el presupuesto con los que vais al viaje sea más o menos el
mismo, porque como uno quiera ir de restaurantes y otro de comida rápida...
¡mal vamos! lo mejor pagar a medias o usar la aplicación PayBack (súper útil).
La
puntualidad debe ser importante, tanto para coger el avión o el tren o
simplemente cuánto tiempo le cuesta salir a disfrutar de un nuevo día, la
rapidez con la que se mueve por la ciudad, o si por el contrario tienes que adaptarte
a su ritmo lento y pierdes tiempo.
Puedes estar en un país el que no hablen tu lengua, pero
hay que comunicarse, así que es genial cuando se trabaja en equipo y cada uno
se desenvuelve a su manera por un bien común, pero no tiene nada de genial si sólo
uno hace todo mientras la otra persona se queda de brazos cruzados mientras el
otro lo hace todo.
Por suerte tengo muy bien elegidos a mis amigos y nunca
me había visto en esta tesitura, hasta ahora claro, y he de confesar que ha
sido una de las peores experiencias de mi vida, y como a todo hay que verle el
lado positivo me llevo dos experiencias de vuelta en mi maleta, la primera de
ella es repasar todo esto antes de elegir a un nuevo compi de viaje y la
segunda es aprender que no puedes llamar amigo a alguien hasta que has viajado
con ella y como soy dueña de mi vida, elijo con quien quiero compartirla y
alejo de mi vida a personas como ella.
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